El ganador es simplemente un soñador que nunca se rindió
Mi padre siempre trató a todos por igual; ya fuera una reina o un barrendero, él realmente pensaba que todos los seres humanos son iguales. Ese mismo valor lo aplico a todo lo que hago en la vida.
Mi padre fue un hombre de coraje y visión.
Él creía verdaderamente en la fuerza de la unidad, y en que, si las personas de todo el mundo se unían, asestarían un golpe duro a toda forma de injusticia.
Fue verdaderamente sincero en aquello en lo que creía, y existían valores centrales que dieron forma a su vida: la humildad, la perseverancia, la honestidad y el perdón.
Casi una década después de su muerte, el 5 de diciembre de 2013, Nelson Mandela sigue inspirando a millones de personas en todo el mundo en sus esfuerzos no violentos contra toda forma de racismo. El Premio Nobel de la Paz sigue siendo hoy un punto de referencia mucho más allá de las fronteras de Sudáfrica.
Por otra parte, a juzgar por el «regreso» de la xenofobia y el racismo en muchas partes del planeta, la lucha por la igualdad sigue siendo muy importante. Entre quienes siguen los pasos del líder sudafricano está también su hija Makaziwe Mandela, implicada en diversas organizaciones benéficas, fundadora y presidenta de «House of Mandela», una empresa que, a través de la ropa —especialmente para jóvenes—, transmite el mensaje antirracista de su padre. En esta entrevista con los medios vaticanos, Makaziwe se centra en la personalidad de Nelson Mandela, en la importancia de su compromiso social y en la importancia de la educación para superar los prejuicios que todavía envenenan las relaciones entre personas y pueblos.
Casi diez años después de su muerte, su padre sigue siendo una persona sumamente popular en todo el mundo. ¿Por qué cree que su legado sigue siendo tan importante hoy en día?
Mi padre creció en un entorno en el que todos podían expresar libremente sus opiniones sin miedo al castigo, donde los líderes eran pastores y guardianes de su pueblo, de sus derechos y libertades. Asumió la responsabilidad de ser líder muy en serio y fomentó activamente las opiniones diferentes. Una de las muchas cosas que enseñó, y que es importante en nuestro mundo, es que podemos elegir la manera en que queremos vivir nuestra vida. A todos nos ocurren cosas buenas y malas, pero también estamos imbuidos de la responsabilidad de luchar contra toda forma de injusticia, prejuicio, crueldad y violencia en nuestra sociedad. Luchó no solo por la libertad de los negros, sino por la libertad de todos los sudafricanos.
Lamentablemente, nos enfrentamos a diario al racismo y la discriminación en muchas partes del mundo. En su opinión, ¿qué haría hoy Nelson Mandela frente a este mal que parece tan profundamente arraigado en la historia humana?
Durante el juicio de Rivonia, mi padre dijo que luchaba contra la dominación de los blancos, pero también contra la dominación de los negros. Creía que ninguna raza era superior a otra, que en realidad, genéticamente hablando, no existen razas, que solo hay una raza: la humana. Mi padre juzgaba a las personas únicamente por su carácter y sus valores. Se sentiría decepcionado por lo que ocurre hoy: cómo el racismo, las guerras culturales y la arrogancia, la etnicidad, el miedo, el tribalismo, la violencia de género y la intolerancia religiosa se convierten en armas y se utilizan para desestabilizar a toda la sociedad y al mundo entero. Todo esto nos recordaría que nuestras libertades, tan duramente conquistadas, no llegaron sin sacrificio, que hay personas que dieron su vida para que todos tuviéramos acceso a los mismos derechos. Mi padre creía que todas estas cosas las había hecho el hombre y que, siendo así, los seres humanos también podían resolverlas. Se dice que el rey Ngubengcuka, antepasado de mi padre, formó la nación Thembu al unir a varios grupos: personas que buscaban refugio, personas desplazadas que buscaban un hogar. El pueblo Thembu estaba formado, en esencia, por personas de distintos estratos sociales que creían en una misma idea. Por eso nuestra familia está profundamente impregnada de esta «diversidad», que se transmite de generación en generación, acogiendo a personas diferentes e ideas diferentes. Mi padre creía que mantener el statu quo es el enemigo del progreso y que debemos crecer y evolucionar como pueblo. Él vería lo que ocurre hoy como un decepcionante paso atrás que nos devuelve a tiempos oscuros.
Su padre dijo que «la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo». ¿Qué piensa usted de eso, también a partir de su propia experiencia?
Mi padre no hablaba solo de la educación formal tradicional. Creía que las personas podían educarse a través de los libros, que podían viajar más lejos y más ampliamente a través de los libros, que podían aprender sobre otras culturas, que podían comprender de verdad cómo vive otra gente. Que el propósito de ir a la escuela no era solo aprender lo que había en el libro, sino también aprender a llevarse bien con los demás y a entenderse con ellos, el contacto con otras razas, otras culturas, para que la educación pudiera liberarte de la ignorancia. Creía que la educación es el fundamento de las relaciones humanas: tú aprendes algo de mí, y yo aprendo también algo de ti, y descubrimos que tenemos cosas en común. Creía que la cuestión de la raza ya no sería importante una vez que se establecieran esas cosas en común. La Covid-19 puso de relieve que la superioridad racial en realidad no tiene lugar en nuestra sociedad, porque la Covid se convirtió en un gran igualador: no le importa si eres rico o pobre, negro o blanco, con estudios o sin ellos. Y también que realmente debemos tomar conciencia de que, más allá del «color de piel», hay muy poco que pudiera separarnos, y que todos estamos dotados de derechos inalienables para existir en este mundo, para tener los mismos privilegios que nuestros vecinos, negros o blancos.
Cuando murió su padre, el papa Francisco expresó la esperanza de que su ejemplo pudiera inspirar a las generaciones de sudafricanos «a anteponer la justicia y el bien común a sus propias aspiraciones políticas». ¿Hasta qué punto las nuevas generaciones africanas —no solo las de Sudáfrica— siguen todavía inspiradas por Nelson Mandela?
Muchas personas creían antes que la generación joven de «millennials», aquí en Sudáfrica y en todo el mundo, estaba perdida, pero el movimiento Black Lives Matter y otros movimientos por la justicia social han demostrado que están muy presentes y son muy conscientes de lo que ocurre a su alrededor, que están dispuestos a luchar contra el aumento del racismo, la desigualdad, la pobreza y la violencia de género. Son jóvenes de todas las razas y estratos sociales que exigen responsabilidad a los políticos y les recuerdan que son responsables, ante todo, ante las personas, y no ante su propia vanidad. Eso realmente me anima y despierta en mí la esperanza de que no todo está perdido en este mundo. Mirando a África, los jóvenes no esperan principalmente subvenciones de sus gobiernos, sino que encuentran soluciones nuevas e innovadoras relacionadas con el agua y el saneamiento, la seguridad alimentaria, la educación, la energía y la electricidad, así como formas de luchar contra el cambio climático. Estos jóvenes son muy conscientes en la búsqueda de maneras de mejorar las condiciones de vida, no solo para sí mismos, sino también para su comunidad y sus compatriotas. Mi padre siempre creyó que la caridad empieza en casa, con las personas cercanas o en la propia comunidad, si se quiere.
El papa Francisco, igual que Nelson Mandela, siempre ha destacado el valor de la no violencia como fuerza para el cambio. ¿Cómo se puede promover hoy este valor, especialmente entre las generaciones más jóvenes?
Debemos subrayar que nuestro paso por este mundo sirve para sanar las heridas que nos rodean y que también nosotros llevamos. Mi padre comprendió que, si no dejaba atrás la ira y el rencor al salir de la cárcel, seguiría estando en la cárcel como hombre libre. Debemos aprender a amar a quienes son diferentes de nosotros desde el punto de vista étnico y cultural, para unir a las personas por encima de las fronteras raciales, políticas y económicas. Debemos construir puentes, especialmente aquellos que nos unen en la lucha contra la enfermedad, la pobreza y el hambre. Tenemos todas las soluciones ante nosotros, pero por alguna razón quienes están en el poder se niegan a ponerlas en práctica, lo cual a veces me desconcierta y me frustra. Hoy realmente debemos recordar la importancia de la libertad humana: que nuestra libertad no puede ser completa sin la libertad de los demás.
En lo personal, ¿cuál es el mensaje más grande, el más importante que recibió de su padre y que ha sido más significativo en su vida?
Que nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su cultura o su religión: el odio se aprende, y si se nos enseña a odiar, también se nos puede enseñar a amar, porque el amor llega de manera más natural al espíritu humano. Yo, personalmente, me esfuerzo cada día, de forma consciente, por tratar a las personas con respeto, dignidad y compasión.
- Mladen Klanac
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