Solo por ti el puente no se derrumbará
Según la percepción de muchos, el virus ha adquirido las proporciones de una de las criaturas de la zoología fantástica de Borges. En efecto, Borges nos presenta un animal llamado Hide-behind, que actúa de forma parecida a un virus. Y como posible respuesta a una situación así, en la que se encuentra actualmente casi toda la humanidad, traeremos la canción de Paul Simon y Art Garfunkel: «Puente sobre aguas turbulentas».
Del animal Hide-behind es característico que siempre se esconde y siempre está ahí, en algún lugar detrás de ti, te sigue a todas partes – por ejemplo, cuando vas a buscar leña al bosque o a otro lugar. Te das la vuelta, y por muy rápido que seas, él se mueve todavía más rápido, se esconde y se coloca detrás de ti para que no puedas verlo. Te ataca rápido y se retira aún más rápido, de modo que no puedes atraparlo. Nunca sabrás qué aspecto tiene, es invisible a tu ojo pero siempre está ahí, omnipresente.
Algo parecido nos ocurre a nosotros con el virus – ahora está aquí, ahora está allí, luego ha mutado, luego por un momento es más fuerte y después otra vez más débil. Y así hasta el infinito. Y no es solo el virus el problema. Ha crecido el número de hambrientos, de pobres, de desempleados, la violencia, crece febrilmente la carrera armamentística, etcétera. Torrentes que llegan de repente, catástrofes que llegan de improviso y con fuerza. Todo esto lo oímos a diario, y de boca de personas serias y competentes. Los pronósticos para el tiempo que se avecina son muy preocupantes, y nadie está seguro de que no lo vaya a alcanzar algún torrente - económico, sanitario o de otro tipo.
La canción «Puente sobre aguas turbulentas»se creó en la época de la guerra de Vietnam y de otras convulsiones que sacudían, igual que ahora, a toda la humanidad. Habla de un puente que se alza sobre esas aguas turbulentas, que lo amenazan y que en cualquier momento pueden convertirse en torrente y volverse mortales si el puente no es lo bastante firme.
La canción recibió la influencia de la música gospel que Simon escuchaba en aquel tiempo, en especial la de los Swan Silvertones. El título de la canción se inspira en un verso de la canción gospel «Mary Don't You Weep»: «¡Seré tu puente sobre las aguas profundas, si confías en mi nombre, María!» La invocación de la canción «¡Oh, María, no llores!» – es la voz que promete que esas aguas no te tragarán. Es evidente que ese puente es el mismo Dios. Simon and Garfunkel - Bridge Over
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En la canción de Simon ese puente es un amigo o un enamorado que tiende una mano de aliento y ofrece apoyo emocional - te consolará, te secará una lágrima, aliviará tus pensamientos, te llevará aparte y te ofrecerá ayuda. La versión inicial de la canción tenía solo dos estrofas. La tercera estrofa, que evoca a una compañera de cabello encanecido a la que anima a seguir su camino, se inspiró en el momento en que la primera esposa de Simon, Peggy, un día se miró al espejo y vio algunas canas. Art Garfunkel aceptó la letra después de haber ido a la iglesia neoyorquina de San Bartolomé, decidiendo interpretarla como himno litúrgico, mientras que el puente sobre las aguas turbulentas, al menos de forma evocadora, es el mismo Dios, y esto hace que la canción se pueda calificar de «himno litúrgico», es decir, de «oración».
«Puente sobre aguas turbulentas» se convirtió en una especie de botiquín musical de primeros auxilios, que hay que abrir en los tiempos difíciles. Simon la interpretó en conciertos especiales para las víctimas del 11 de septiembre de 2001, así como para las víctimas del huracán Katrina en 2005.
Hoy, cuando nos enfrentamos a lo que Garfunkel llamaría «el caos general», recordemos también cuánto peso e importancia puede tener una canción para nosotros, como para tantos antes que nosotros, por lo cual se ha ido transmitiendo de generación en generación, adquiriendo siempre una nueva frescura y fuerza en circunstancias nuevas...
El tema central de la canción es EL ACOMPAÑANTE (EL PUENTE), alguien que surge en tu vida y te tiende la mano, puede presentarse ante ti como una posibilidad muy grande y real. Quizá ese acompañante no sea siempre la persona que tú desearías o esperarías. Quizá sea alguien a quien haya que buscar. A menudo basta un pequeño paso para algo así – salir de tu habitación o de tu casa, llamar a alguien, acordarte de alguien, etcétera. Ese acompañante puede ser también alguien que aparece de repente ante ti como un destello en la oscuridad, al mismo tiempo que un torrente, como en la novela «El niño y el río» de Henri Bosco (L'enfant et la rivière): el niño Pascalet desobedece la prohibición de sus padres de ir solo al río y de repente se encuentra en peligro de muerte. Por suerte, se topa con otro niño, Gatzo, que, a diferencia de él, es fuerte, valiente y conoce y sabe enfrentarse a los peligros a los que Pascalet está expuesto. Deposita su confianza en él porque es quien posee lo que a él le falta, ya sea en habilidades, ya sea en el conocimiento del entorno y de lo que hay que hacer en esas circunstancias. Para él se convierte en una especie de sostén y de acompañante, y al final también en un amigo.
Por otra parte, esto puede ser para nosotros una llamada a ser, para los demás que se encuentren en apuros, ese puente por el que alguien pueda pasar a la otra orilla. O tan solo una parte del puente, aunque esté escondida, que permite que el puente ya existente no se derrumbe, como expresó de manera admirable Josemaría Escrivá de Balaguer: «Sé tú, para el otro, como una vieja piedra escondida en los cimientos, bajo tierra, donde nadie te ve: solo por ti la casa (o el puente) no se derrumbará».
Esto lo dijo el papa Francisco a modo de llamamiento, dirigiéndose a los jóvenes en la ciudad polaca de Cracovia, en la Jornada Mundial de la Juventud, y lo hizo de un modo muy singular e interesante. En efecto, el Papa respondió públicamente a tres preguntas de dos chicas y un chico que recientemente habían vivido traumas difíciles en su vida. Les dijo que superaran las heridas, vencieran el «terrorismo del cotilleo» y construyeran puentes de paz. «En la vida hay que elegir: construir puentes o muros. Los muros dividen y el odio crece. Los puentes unen. Cuando estrechas la mano de un amigo, de una persona, construyes un puente humano. Y cuando golpeas a otro, lo ofendes, construyes un muro. Yo quiero ver muchos puentes humanos», concluyó el papa Francisco.
- Mladen Klanac
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