Una relación sacudida
«Dios es para nosotros refugio y fortaleza, ayuda propicia en el peligro. Por eso no tememos aunque la tierra retiemble, aunque los montes se hundan en el fondo del mar. Que bramen y se agiten las aguas del mar, que tiemblen los montes por su furia: con nosotros está Yahvé Sebaot, nuestro alcázar es el Dios de Jacob!» (Sal 46, 2-4)
La tradición eclesial llama a los salmos el ritual de nuestra vida. «Ritual», en el lenguaje litúrgico, significa el curso prescrito o descrito de una determinada oración oficial de la Iglesia. Así distinguimos el ritual del bautismo, del matrimonio … En los salmos está descrita, enraizada, toda mi vida. Cuando los leo me encuentro a mí mismo, mi experiencia de alegría y añoranza, de tristeza y angustia. Jesucristo rezaba los salmos, y en su Persona ellos encuentran su cumplimiento. El fragmento del Salmo 46 habla de la tierra sacudida. La tierra de nuestra vida. Vivimos en un tiempo de relaciones sacudidas. Las relaciones se realizan sobre la tierra. La tierra es el lugar de la relación. El hombre es un ser de relación porque ha sido creado a imagen de Dios, que es relación de amor de las tres Personas divinas. Las relaciones nos abren al otro. No podemos vivir sin el otro, aunque sea totalmente distinto de nosotros, aunque vaya contra nosotros. Nos encontramos a nosotros mismos en el otro.
El salmista dice que la tierra de nuestras relaciones tiembla. Todo a nuestro alrededor está sacudido. En pánico. El hombre contemporáneo experimenta la conmoción. Muchas personas hoy sufren de ansiedad y ataques de pánico. Quien lo ha vivido sabe que es una sensación en la que es como si temblara la tierra, bramaran y se agitaran las olas del mar. Una sensación terrible. Una inseguridad extrema. El borde de la muerte. ¿De dónde viene? De la falta de relaciones auténticas. La tierra como lugar de mi vida, de mis seguridades, está sacudida. Nuestra sociedad vive una crisis profunda en todos los ámbitos de la vida porque está sacudida la relación fundamental: la relación con Dios. Las diversas preocupaciones y pensamientos que provienen de la relación con nosotros mismos nos presentan la realidad como una tierra de tinieblas sin esperanza en el futuro. La carrera incesante por el dinero, los traumas que el tiempo no cura, crean en nosotros el estruendo de las olas del mar y perdemos la relación con el Otro. Dejamos que Dios se aleje de nuestra vida. Dios es relación, y yo he perdido a Dios. Ya no poseo en mí la capacidad de una relación auténtica. Surge el pánico. El pánico es ruido, inestabilidad, inseguridad, desesperación.
Dios da una respuesta contundente a esta angustia humana: No temáis cuando tiembla la tierra, cuando los montes (de nuestras relaciones) se hunden en el mar … Si pierdo a Dios, he perdido también la relación conmigo mismo, me desprecio y no me conozco. Tengo miedo de mí mismo. Como consecuencia de la pérdida de esta relación desaparece también la relación fundamental: la relación entre marido y mujer. Sacramento. Misterio. Maravilla. Fuente de vida. Llegan los divorcios, las rupturas, las discusiones interminables y las acusaciones. En el mar del pánico y la furia de las olas embravecidas de nuestra soberbia, nos tambaleamos en el pecado. El amor desaparece, la vida se apaga. Cada vez nacen menos niños, el pánico ahoga la confianza. Nos encerramos en nosotros mismos.
¡Pero no temáis! Con nosotros está Yahvé Sebaot. Él es la ayuda propicia en el peligro!! Noticia maravillosa. Él es estabilidad, él es nuestra fortaleza; apoyémonos en él. Él sana. Confiésate, apóyate en la piedra que desecharon los constructores. ¡Él, Jesucristo, se convierte en la piedra angular que devuelve el don de la relación! Cristo es un puente tendido del cielo a la tierra, para que por medio de Él puedas elevarte por encima de tus problemas y tender la mano hacia el otro. Si eres marido, no mires solo sus lados negativos. Seguro que también tiene muchos aspectos positivos, buenos. Acércate a ella como por un puente, a través de Cristo, hasta la otra orilla, hasta ella. El amor puede renovarse. Esposa, mira a tu marido. Él también tiene lados buenos. Ambos sois un don el uno para el otro. ¡Perdona! Mira a Dios y vuelve a la vida de la relación. ¡Recupera tu tierra! Los salmos son maravillosos. ¡Léelos! Aliméntate y no temas. Todo está en calma. ¡Dios está con nosotros! ¡Emmanuel! Firmeza. Perdón. Vida.
- Mladen Klanac
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