San José, custodio del tesoro más precioso
En el monasterio de las carmelitas descalzas de Đakovačka Breznica dirigí una novena a san José, donde vi esta imagen de san José con Jesús dormido sobre su pecho. Nunca antes había visto una representación que irradiara tanto amor y ternura entre Jesús y José. Esta imagen me impresionó tanto que me puse a buscarla en internet y descubrí que el original de este icono se encuentra en la capilla de una comunidad religiosa en España. Quien desee más información puede visitar la página web: https://www.hogardelamadre.org/es/.
Cuando contemplamos una imagen sagrada, examinamos su contenido, entramos en las escenas que representa, en realidad estamos meditando, y la meditación es oración. Meditaremos sobre la vida de san José, cuya vida es inseparable de la vida de la Santísima Trinidad, y de la vida de Jesús y María. Es decir, estaremos con Dios y con la Sagrada Familia.
Que este artículo sea para todos de provecho espiritual. Pero, ante todo, que la vida de san José, que iremos siguiendo en este icono, sea para nosotros un estímulo para una vida discreta, sencilla y cotidiana. Saber callar, ser valiente y perseverar en las diversas luchas de la vida, permanecer justo a toda costa, amar a la propia familia, cuidar de ella, trabajar honradamente y ganarse el pan, no temer la pobreza si se tiene a Dios cerca – he aquí solo algunos estímulos de la vida de san José para nuestra vida.
El título en la parte superior del icono significa: ²Defensa del honor de nuestra Madre, especialmente del privilegio de su virginidad². En las esquinas del icono se encuentran, a la izquierda, santa Brígida de Suecia, y a la derecha, santa Teresa de Ávila, santas que en su tiempo veneraron a san José e impulsaron a otros a la devoción hacia él.
En la exhortación apostólica Redemptoris Custos de 1989, san Juan Pablo II escribió que José es aquel a quien Dios «confió la custodia de sus tesoros más preciosos». Por eso, en el centro del icono aparecen san José con el Niño Jesús en su regazo y la Virgen María a sus pies. Como fue gran defensor y custodio del privilegio de la virginidad de María – en la concepción, durante el parto y después del parto –, san José lleva las tres estrellas de la virginidad de María como joyas en su aureola. Esa es su gloria. Las manos de José están ²ocupadas² con Jesús y María; ellos son su única preocupación.
Sus pies descalzos recuerdan el mandato que Moisés escuchó en el Horeb, ante la zarza que ardía sin consumirse: «¡Quítate las sandalias de los pies! Porque el lugar donde estás es tierra santa.» (Ex 3, 5). Y la zarza ardiente fue considerada un signo de la virginidad eterna de María.
En la aureola de José se pueden leer las palabras «Padre» y «Esposo», dos términos que definen su papel: él es esposo virginal y padre virginal. Nunca un matrimonio fue tan maravillosamente fecundo como este matrimonio virginal. El Espíritu Santo obró el milagro de que la virginidad de María, protegida por la virginidad de José, trajera al mundo al Hijo de Dios. Así como a María, también a José el Señor le dio un corazón capaz de amar a Dios como a un hijo.
La mirada de María, sus ojos, están dirigidos hacia san José. Sus ojos destilaban un rocío virginal que purificaba los corazones sobre los que se posaba su mirada. José aprende de María a amar y a cuidar de Jesús. María está junto a José, a sus pies, en actitud de respeto y de servicio. Su mirada dice que ella confía plenamente en su esposo. Por otro lado, en las manos de él se percibe la ternura de su santo amor.
Junto a san José, un querubín muestra el icono de Dios Padre. El término «icono» designa imagen y presencia. San José es llamado ²icono² del Padre porque fue imagen y reflejo del Padre celestial para el Niño Jesús. José participa de manera única en la paternidad del Padre Eterno respecto a Jesús.
Jesús, que duerme dichoso sobre el pecho de José, es el centro de este icono. Todo matrimonio sacramental debe ser consumado, es decir, debe producirse la unión corporal del marido y la mujer. Esa unión no se dio entre María y José. Dice el papa León XIII: ²Su matrimonio se realizó en Jesús. María y José estaban unidos en Jesús; María y José solo pensaban en Jesús. No hubo, ni habrá jamás, un amor más profundo sobre esta tierra. San José renunció a la paternidad de la carne, pero la encontró en el espíritu, porque fue el padre adoptivo de Jesús. La Virgen renunció a la maternidad y la encontró en su propia virginidad.²
¡Contemplemos cómo Jesús descansa apacible sobre el corazón de José! Después del de la Virgen, el corazón de san José fue el que estuvo más cerca del Corazón del Redentor. San José amó a Cristo con un verdadero amor paterno. Su corazón estuvo unido al de Jesús de tal manera que, mucho antes de que san Juan se recostara sobre el pecho del Señor, san José ya conocía por completo los latidos del corazón de Cristo, y más aún, Cristo conocía perfectamente los latidos del corazón de su padre virginal, pues de niño había reposado sobre el pecho de su padre José. Por eso, en verdad se puede decir de Jesús que fue ²hijo de José². El piecito descalzo de Jesús muestra la necesidad que tiene el niño de que alguien lo cuide. Eso es lo que hace san José. Jesús duerme sin preocupación en los brazos de su padre porque sabe que allí está seguro. ¡Oh, qué Dios tan humilde tenemos, que se confió por entero en manos humanas!
Pasemos ahora a los detalles más pequeños representados en la imagen. Según lo que representan, están ordenados cronológicamente desde la mano del Padre, que está en la parte superior del icono, en sentido contrario a las agujas del reloj. Primero observamos la mano del Padre.
Siete serafines con llamas expresan la plenitud de los dones con que el Señor enriqueció el alma de José para cumplir la misión que le había confiado. En la base de la palma leemos ²Ite ad Joseph² - ²Id a José² lo que recuerda a José el egipcio, que por la providencia de Dios fue un buen administrador de los bienes en Egipto durante el hambre, y san José es buen administrador, guardián y custodio de los tesoros más preciosos que Dios le confió. Por eso, vayamos a José pidiéndole que también a nosotros nos alcance el don de administrar bien las familias, las comunidades y los bienes materiales.
Después de que el Padre celestial dotara el alma de José de todo lo necesario para cumplir la misión que le había confiado junto a María, vemos representados sus esponsales. Podemos notar que la mirada de María y de José está dirigida hacia la mano del Padre, lo que significa que en todo buscan la voluntad de Dios. La mano del Padre bendice el matrimonio de María y José. La presencia del Espíritu Santo en sus manos unidas (la paloma sobre las manos) es signo del Amor divino que los envuelve. Vemos de nuevo las tres estrellas, signo de la virginidad de María, porque este matrimonio, según el designio del Padre, será virginal. Dijo san Agustín: ²María pertenece a José, y José a María, de modo que su matrimonio fue un verdadero matrimonio, porque se entregaron el uno al otro. Pero ¿en qué sentido se entregaron? Se dieron mutuamente la inocencia y el derecho a custodiarla el uno para el otro. María tenía el derecho de custodiar la virginidad de José, y José tenía el derecho de custodiar la virginidad de María. Toda la fidelidad de este matrimonio consiste en la conservación de la virginidad.²
²Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.² (Lc 1, 26-27). Es decir, después de los esponsales tuvo lugar la anunciación. María, al igual que José, está también sumergida en las llamas del amor del Espíritu Santo. Esas llamas son siete, porque María está llena de gracia (cf. Lc 1, 28). Las manos de la Virgen manifiestan una total apertura a Dios. Su «amén». Su Hijo también abre las manos aceptando la voluntad del Padre, adoptando la posición de la crucifixión. Es un poco más difícil advertir que su Hijo Jesús, representado sobre el pecho, está de rodillas. De rodillas expresa: ²Aquí estoy, Padre, he venido a cumplir tu voluntad.² Entrega total que llevará a este niño, al final, a la crucifixión en la cruz. Ese es el FIAT de Jesús y de María.
Después de esto viene quizás la parte más dramática de la vida de José. Sigue su lucha y su sufrimiento interior, porque ²María, desposada con José, antes de que conviviesen, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Y José, su esposo, que era justo, no quiso difamarla, y decidió repudiarla en secreto.² José es representado de rodillas, sufriendo terriblemente. Es sin duda uno de los mayores sufrimientos que tuvo que soportar. Los dos anillos sobre su pecho son signo de su amor esponsal. ¿Quién puede imaginar la lucha interior que vivió José cuando pensó que debía separarse de María? ¡Y cuánto habría sufrido María si hubiera visto ese desgarro del corazón de su esposo! Al fondo se ve a María, embarazada, trabajando, pues cuando supo del embarazo de Isabel, corrió a servirla.
Pero el Señor no permitió que su elegido permaneciera en el sufrimiento y la duda. El Padre celestial cuida de sus elegidos. Por eso envía a José, en sueños, un mensaje por medio de un ángel: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» (Mt 1, 20-21).
Y vemos lo que sigue después de la lucha. ²Cuando José despertó del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado: tomó consigo a su mujer.² (Mt 1, 24).
José creyó en lo que humanamente era inconcebible: la maternidad de una virgen, la encarnación del Hijo de Dios. Abraham creyó que su esposa estéril le daría un hijo; José creyó que su virgen sería madre.
²En las palabras de la 'anunciación', aquella noche José escucha no solo la verdad divina sobre la vocación inefable de su prometida, sino que en ellas vuelve a escuchar también la verdad sobre su propia vocación. Ese hombre 'justo', que en el espíritu de las tradiciones más nobles del pueblo elegido amó a la Virgen María y se unió a ella con amor esponsal, es llamado de nuevo por Dios a ese amor.² (Redemptoris custos 19.) ²Con su entrega total de sí mismo, José expresa su amor generoso hacia la Madre de Dios, y le da 'todo él mismo como don'. Aunque había decidido retirarse para no estorbar el designio de Dios que se realizaba en ella, sin embargo, por mandato expreso del ángel, toma a María consigo y respeta su pertenencia exclusiva a Dios.² (Redemptoris custos 20.)
En la parte inferior del icono se representan, en orden, los acontecimientos que siguieron.
Primero está la escena del nacimiento de Jesús en Belén. Luego el Niño Jesús recién nacido en brazos de José representa el primer deber religioso del padre, que es la circuncisión al octavo día tras el nacimiento, y la imposición del nombre al niño: ²Y ella (María) dio a luz un hijo... a quien él puso por nombre Jesús.² (Mt 1,25) Luego está la presentación en el templo, con la bendición y la profecía del anciano Simeón: ²Cuando, según la Ley de Moisés, se cumplieron los días de su purificación, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor – como está escrito en la Ley del Señor: ¡Todo varón primogénito será consagrado al Señor! – y para ofrecer en sacrificio, conforme a lo que dice la Ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.² (Lc 2, 22-24). A esto sigue la huida y la vida en Egipto, y al volver a Nazaret Jesús recibió sin duda su formación humana y religiosa por medio de su padre adoptivo José, lo que simboliza la última imagen de la fila inferior, donde José y Jesús aparecen sentados juntos. ²El niño iba creciendo y robusteciéndose, se llenaba de sabiduría, y la gracia de Dios estaba sobre él.² (Lc 2, 40)
Y llegamos a las últimas escenas de la vida oculta de Jesús. La primera escena es la bendición del padre sobre el hijo. La Biblia subraya especialmente las bendiciones que el padre (patriarca) da a los hijos o a la descendencia. Recibir tal bendición era especialmente valorado, y su ausencia se consideraba una maldición. Jesús vivió en la tradición de su pueblo y probablemente recibió tal bendición de José. El único episodio que se nos revela en la Escritura es la segunda escena desde abajo, que muestra a los padres preocupados buscando al Jesús de doce años que se había quedado en el templo durante la peregrinación a Jerusalén. Luego vemos a José el carpintero, aquel que trabajaba con esmero para Jesús y María, y Jesús le ayudaba en su labor. Y al final de su vida, José muere en los brazos del hijo que Dios le había confiado, en los brazos del Niño que en otro tiempo reposaba tan dichoso y sereno sobre su pecho.
- Mladen Klanac
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