En todo, los niños buscan algo más
Los niños saben ser felices sin importar las circunstancias
Los niños permiten que la belleza los maraville
Los niños son enseñables
Los niños son sinceros buscadores de la verdad
Hoy, 20 de noviembre, se celebra el Día Mundial del Niño con el objetivo de concienciar sobre la importancia de cuidar el bienestar y la protección de los niños en todo el mundo. ¿Cómo puede ayudar la celebración de este día a los adultos a vivir de manera más plena su vida cotidiana? ¿Qué lecciones de vida podemos aprender de los niños?
Muestran que la alegría no es un mero sentimiento superficial, sino una decisión de vivir en libertad frente a la influencia de cualquier adversidad. La alegría es un estado del alma, pero de un alma pura, sincera, sencilla. Muchos adultos pierden la alegría precisamente porque han perdido la pureza de corazón. Por eso necesitamos el contacto con la alegría infantil, que desafía toda dificultad. Los niños pueden enseñarnos la capacidad de alegrarnos sinceramente de la vida y de todo lo que la vida trae. No se trata de una utopía irracional en la que fingiríamos ser ciegos ante las dificultades que encontramos, sino de la conciencia de que ninguna desgracia de la vida tiene en sí misma el poder de hacernos caer en la desesperanza, a menos que nosotros mismos nos entreguemos a la desesperación.
Se sienten sinceramente fascinados por las cosas nuevas y extrañas para ellos. Están sanamente libres de cargas, no se preocupan por tonterías ni pierden el tiempo en cosas en las que no encuentran nada bello para ellos. Saben estar presentes en el momento, lo que les permite percibir muy bien la belleza del mundo que los rodea. Se guían por la conciencia intuitiva de que la belleza, o al menos el potencial para desarrollarla, es un componente esencial de una vida con sentido. Por eso saben abordar cada situación con el deseo de descubrir la belleza, y saben enriquecer cada relación con su capacidad de disfrutarla.
Son conscientes de que alguien sabe algo mejor que ellos mismos. Sin embargo, son muy perspicaces. Gracias a la pureza de su propio corazón, saben reconocer muy bien la calidad de las intenciones de los demás. Por eso los adultos realmente deben ganarse la confianza del niño. Los niños equilibran bien la cautela y la confianza según sus capacidades limitadas. Son lo bastante humildes para pedir ayuda cuando la necesitan, y lo bastante sencillos para aceptarla cuando se les ofrece. Creen, o al menos se comportan como si creyeran, que de cada persona que encuentran pueden aprender algo nuevo y útil. Nos recuerdan la importancia de las relaciones humanas en las que se realiza constantemente un enriquecimiento recíproco con los conocimientos propios de la singularidad de cada persona.
Son más sabios de lo que la mayoría de los adultos percibe. No se conforman con respuestas superficiales a las preguntas que tienen sobre la vida y el mundo. Sienten que existe algo más allá de la sombría rutina en la que los adultos caen con demasiada frecuencia. No es raro que se entusiasmen con los descubrimientos a los que los lleva su curiosidad. Intuitivamente sienten que no hay nada más importante que vivir en la verdad de la relación con el mundo y con las personas que los rodean. Por eso no se conforman con promedios, en todo buscan algo más. La búsqueda infantil de la verdad es pura y sincera, sin intereses ocultos ni miedo a que la verdad les revele algo que no les guste.
No temen cuestionar la realidad en la que se encuentran. A muchos adultos precisamente el miedo les impide buscar sinceramente la verdad. Temen que, si de verdad quisieran mirar la verdad a los ojos, muy fácilmente podrían descubrir que su vida se compone de una multitud de decisiones equivocadas que tomaron porque perdieron en sí mismos el ardor infantil por vivir en la verdad. Son conscientes de que vivir en la verdad es difícil, no permite la tibieza ni el autoengaño, exige lucha y constancia en una búsqueda que dura toda la vida. Por eso se necesita valentía para permitir que los niños nos recuerden cómo buscar sinceramente el camino de una vida recta. Quizás sea precisamente eso lo que más necesitamos ahora.
- Mladen Klanac
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