La nueva normalidad: hay que juzgar por el Espíritu
A menudo en estos días, a pesar de una situación que puede cambiar muy rápido, oímos o leemos en los medios una expresión interesante: la nueva normalidad. Este lema debería expresar, y llamarnos, a un nuevo modo de vivir en las circunstancias especiales que hemos atravesado estos meses.
Dejamos a las autoridades civiles que regulen las formas de comportamiento en esta nueva normalidad.
Es muy interesante ver qué significa esta curiosa expresión dentro del cristianismo. Esta nueva normalidad existe desde que existe el cristianismo, desde el acontecimiento de Jesucristo. La Iglesia vive en una nueva normalidad desde su fundación. Para el cristiano, la nueva normalidad no es en realidad nueva, aunque en su esencia siempre lo es. Pero empecemos por la normalidad. Seamos normales.
Para el cristiano es normal lo que está de acuerdo con la ley natural, una especie de código moral inscrito en la conciencia de cada persona humana, que nos llama a la vida en plenitud. Espontáneamente aspiramos a vivir según este código original en cada situación de nuestra vida. Cristianamente normal es aquel que, con la ayuda de la gracia de Dios, procura vivir según la voluntad de Dios. La fuente de la normalidad para el cristiano es la voluntad de Dios, que nos ama. Si estoy afinado ("acordado") con la voluntad de Dios, en el matrimonio como marido o mujer, como joven o muchacha, como padre, como sacerdote, entonces soy, en sentido cristiano, normal.
Normal es, en sentido cristiano, también ser moderado, no excesivo, equilibrado por el Espíritu Santo. Normalidad es ser un hombre de Dios. Normalidad es humildad. Normalidad es la calma de un espíritu que desea el bien del otro. Lo contrario de la normalidad no es la locura. Lo contrario de la normalidad en el cristianismo es el rechazo de Dios, la incredulidad. En el cristianismo es normal la castidad prematrimonial, en el cristianismo es normal la fidelidad a una sola mujer o a un solo marido hasta el final de la vida, en el cristianismo lo biológicamente dado del propio sexo es normal, en el cristianismo es normal acoger al hijo en el vientre y abrirse a la vida incluso cuando es difícil e incierto. Sin embargo, para la mentalidad de la sociedad actual, todo esto es una locura. De modo que la normalidad cristiana es lo mismo que la locura en un entorno no cristiano. La normalidad cristiana significa algo completamente distinto de la normalidad no cristiana. Suena extraño incluso al escribirlo. La normalidad cristiana es locura. Aquí invoco la ayuda de san Pablo: «El hombre natural no percibe las cosas del Espíritu de Dios: son necedad para él, y no puede entenderlas, porque hay que juzgarlas espiritualmente». (1 Cor 2,14). Concluimos: el cristianismo sí conoce la normalidad, pero está enraizada en el Espíritu, en Dios. Es más que un simple saber. Quien ha conocido la nueva normalidad no la suelta tan fácilmente. Deja atrás la normalidad sin Dios, la infidelidad, y abraza la nueva normalidad.
Digamos algo también sobre la palabra nueva. La novedad es algo antiguo en el cristianismo. Curioso. Lo nuevo es antiguo. La resurrección de Cristo y su victoria sobre la muerte, por las que recibimos el perdón de los pecados, ocurrieron cronológicamente hace más de dos mil años, pero sacramentalmente son una novedad increíble, actual y eterna. Nueva es también la conversión del cristiano. De nuevo debo hacer una distinción. Convertirse (de religión) es cuando alguien cambia de fe. La conversión es la «tarea» cotidiana del cristiano. Dijo un santo contemporáneo que cada mañana nos despertamos como nihilistas. Siempre empezamos de nuevo. Creo que por la mañana es difícil pensar en algo nuevo. Pero precisamente entonces estamos llamados a la novedad. Y eso es la conversión. Volver la mente, el entendimiento, el corazón hacia la Fuente. Todas mis fuentes están en ti. Yo hago nuevas todas las cosas.
Estar convertido en la voluntad de Dios es la nueva normalidad. El cristianismo ofrece una solución. Si quieres ser cristianamente normal, tienes que ser un loco para el mundo sin Dios. «Que nadie se engañe. Si alguno entre vosotros se cree sabio según este mundo, hágase necio para llegar a ser sabio». (1 Cor 3,18) Si quieres ser siempre nuevo y fresco, cree que tus pecados están perdonados (confesión) y conviértete al único Normal. La Persona de Jesucristo. El Amor. La Paz. Nada nuevo bajo el sol. Pero en Cristo: todo es siempre nuevo y locamente normal.
- Mladen Klanac
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