El tiempo se te ha regalado
«Enséñanos a contar nuestros días, para alcanzar sabiduría de corazón» Sal 90,12
El tema de todos los temas en este momento es el coronavirus. Y, en efecto, también se menciona en este texto. ¿Es completamente así? ¿Es realmente el virus el tema principal de los medios, de las conversaciones…? Un tema iguala, en la frecuencia con que se menciona, al tema viral del virus.
Ese tema es el tiempo. ¡El tiempo!
«¿Hasta cuándo? ¿Cuánto durará? ¿Cuándo llegarán las medidas de flexibilización? ¿Cuánto tiempo llevamos ya encerrados? ¿Cuánto durará la temporada turística? ¿Cuánto durará la crisis? ¿Se recuerda algo así alguna vez? ¿Cuánto durará el aplazamiento de los créditos y la moratoria de los embargos? El tiempo.
Le preguntaron una vez a un rabino cuál había sido el momento más hermoso de su vida, cuándo se había sentido más feliz. Cuando tuvo la impresión de que aquella alegría que sentía era en realidad lo que el hombre suele buscar. Respondió brevemente: «Este mismo momento que estoy viviendo ahora». Sus interlocutores, desconcertados, le repitieron la pregunta, y él volvió a responder: «Este mismo momento que estoy viviendo ahora».
El tema de todos los temas en este momento es el coronavirus. Y, en efecto, también se menciona en este texto. ¿Es completamente así? ¿Es realmente el virus el tema principal de los medios, de las conversaciones…? Un tema iguala, en la frecuencia con que se menciona, al tema viral del virus. Ese tema es el tiempo. ¡El tiempo! «¿Hasta cuándo? ¿Cuánto durará? ¿Cuándo llegarán las medidas de flexibilización? ¿Cuánto tiempo llevamos ya encerrados? ¿Cuánto durará la temporada turística? ¿Cuánto durará la crisis? ¿Se recuerda algo así alguna vez? ¿Cuánto durará el aplazamiento de los créditos y la moratoria de los embargos? El tiempo.
En efecto, parece que hablamos más del tiempo que del virus. Con esto me refiero al tiempo cronológico. Este tiempo que transcurre y que crea inquietud, sobre todo a quienes trabajan y crean y a quienes se les ha negado la posibilidad de trabajar. El tiempo que transcurre implacablemente y crea pérdidas económicas, y es también el enemigo silencioso de nuestras familias.
Este tiempo es un don, dado para que se vea el verdadero estado de nuestras familias. Un tiempo que no es solo dinero, sino tiempo para estar juntos. Tiempo de verdad, tiempo de realidad, tiempo de nuestra fragilidad, de nuestra impaciencia. Tiempo que trae disputas, divisiones. «Llevo demasiado tiempo mirándote», le dice una mujer a su marido. «Hasta cuándo tendré que soportaros a todos», dice una madre a sus inquietos hijos, que preferirían estar jugando fuera con otros niños. «Cuándo nos veremos», dice una hija a su madre enferma en otra ciudad, o un joven enamorado a su novia.
¡El cristiano tiene una respuesta a esto! Mientras que en la mentalidad de quienes no han conocido el amor de Dios el tiempo es dinero y sirve absolutamente a eso, el concepto cristiano del tiempo no es cronológico. No vivimos un tiempo cíclicamente repetitivo, monótono, terrible; que devora nuestra juventud, nuestro dinero, que nos vuelve nostálgicos y apáticos, que nos da la sensación de haber perdido algo, de haber actuado mal, de que «podría haber sido mejor», etcétera.
Con la resurrección de Cristo se produjo una poderosa entrada del tiempo de Dios en este tiempo cronológico. La Sagrada Escritura llama a ese tiempo kairós. Es un momento feliz, importante, lleno de gracia. En ese «momento» está Dios. Él lo quiere. Él lo colma. Dios entró en el cronos mediante su encarnación en Jesucristo, pero con su resurrección transformó este tiempo nuestro. «Pues dice: en el tiempo favorable te escuché, y en el día de la salvación te ayudé. Mira, ahora es el tiempo favorable; mira, ahora es el día de la salvación», escribe Pablo en su carta a los Corintios, y el original griego usa la palabra kairós para la palabra tiempo.
A la luz de la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, vivimos el tiempo de Dios, que es una novedad absoluta. Tiempo de vida en plenitud. Sin miedo a que se nos escape de las manos. Cada momento nos es dado para que lo vivamos en plenitud. Es el más gozoso, aunque ahora quizá estemos nerviosos, vacíos, insatisfechos, cansados de las tensas relaciones domésticas, de aquello de «quedémonos en casa»! Este mismo momento nos lo da Dios. Aunque no produzcas nada, aunque te sientas inútil, estás en el kairós, el momento favorable de Dios, colmado del Espíritu de Jesucristo, ¡el Vencedor sobre el tiempo! Vivamos este «momento del rabino». Ahora es lo más hermoso. Y solo puede ir a mejor con Dios, que sin cesar regala un tiempo nuevo, pleno, un tiempo colmado de Vida nueva. Quien aprende a «contar sus días» adquiere un corazón sabio. Esta es la cumbre de la paz, del don de sí. No hay angustia. Vivo hoy. Cuento. No el dinero. Sino el tiempo de Dios. Y todo lo demás se me dará por añadidura.
- Mladen Klanac
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