Mirad qué bueno y qué agradable es que los hermanos vivan juntos
En la situación en la que nos encontramos estos últimos meses, seguramente no fue fácil renunciar a esa vida cotidiana llena de interacciones sociales, tanto para nosotros como para los más pequeños, que se vieron obligados a dejar atrás los pupitres de la escuela, las amistades, las aficiones y otras muchas actividades.
Estas circunstancias tan particulares quizá nos hayan ayudado a comprender mejor el valor del vínculo fraterno, que aporta un enorme número de factores que favorecen un desarrollo psicofísico y social saludable.
Uno de los mayores beneficios es que los hermanos y hermanas ofrecen la posibilidad de jugar juntos, a diferencia de los hijos únicos, que durante la cuarentena se vieron con frecuencia obligados a buscar «compañeros» de juego en entornos virtuales.
Ya desde la antigüedad, el juego ha sido objeto de interés para muchos filósofos, sociólogos y psicólogos. La importancia del juego la señaló ya el propio Platón, al afirmar: «Puedes descubrir más sobre una persona en una hora de juego que en un año de conversación».
El juego también ha ocupado un lugar especial en psicología, en las investigaciones de las mayores psicoanalistas, como Melanie Klein y Anna Freud. Ellas consideraban que, a través del juego, en especial el juego imaginativo, el niño manifiesta contenidos inconscientes. Mediante el juego, según el principio de placer, el niño domina instintivamente los acontecimientos estresantes y reduce las tensiones.
Hoy la mayoría de los científicos coincide en que el juego es una necesidad biológica innata en los seres humanos, como en cualquier otra especie animal, y como tal es un excelente medio para combatir el aburrimiento y la depresión a cualquier edad.
Pieter Bruegel el Viejo, Juegos de niños, detalle, óleo sobre lienzo
El juego entre hermanos también favorece la comprensión de los roles. Al aprender y practicar un rol, el niño aprende no solo el propio, sino también el complementario. Observando las interacciones entre hermanos y hermanas, se puede notar cómo desempeñan entre sí roles asimétricos y complementarios. Los hermanos mayores actúan como maestros, gestores y tutores, mientras que los hermanos menores asumen los roles correspondientes, como los de alumnos, ayudantes, etcétera.
Los hermanos y hermanas ciertamente no siempre están de acuerdo, pero el conflicto en casa puede ser un excelente entrenamiento para aprender habilidades de negociación y comunicación, que sin duda resultan útiles también en otros contextos.
Por último, los hermanos y hermanas desempeñan un papel importante en el desarrollo de la empatía. Las relaciones entre hermanos influyen de forma significativa en el reconocimiento de los propios sentimientos y los ajenos, y en consecuencia influyen positivamente en el comportamiento prosocial. El propio nacimiento de un hermano o una hermana ya ofrece a los padres ricas oportunidades para hablar de consolar y cuidar al otro, y esto permite a los hermanos mayores adoptar nuevas identidades en las que participan activamente en el cuidado del recién nacido. A medida que los hermanos menores se vuelven compañeros de juego más activos y en igualdad de condiciones, compartir recursos (por ejemplo, los juguetes) se convierte en un aspecto cada vez más relevante del comportamiento prosocial.
Podemos concluir con las palabras del papa Francisco en la audiencia general del 18 de febrero de 2015, que describen a la perfección la importancia de la relación fraterna para el desarrollo de las habilidades prosociales: «La fraternidad brilla de modo especial cuando vemos el cuidado, la paciencia, el cariño con que se rodea al hermanito más pequeño, más débil, enfermo o discapacitado. Son muchísimos los hermanos y hermanas que hacen esto, en todo el mundo, y quizá no valoremos suficientemente su generosidad. Y cuando hay muchos hijos en una familia -hoy he saludado a una familia con nueve hijos-, el mayor o la mayor ayuda al padre y a la madre a cuidar de los más pequeños. Y esto es realmente hermoso: ayudar a los hermanos. Tener un hermano, una hermana que te quiere es una experiencia fuerte, inapreciable, insustituible. Lo mismo sucede en la fraternidad cristiana. A los más pequeños, a los más débiles, a los más pobres hay que acercarse con ternura: ellos tienen "derecho" a acaparar nuestra alma y nuestro corazón. Sí, son nuestros hermanos y debemos amarlos y tratarlos como tales.»
Mirad qué bueno es (Sal 133)
Música: Anđelko Igrec
Interpreta: el Coro de la Catedral de Varaždin «Chorus angelicus»
- Mladen Klanac
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